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05 julio 2020

Los 50 discos que hay que morir antes de escuchar del rock mexicano (1997-2017)


Salón Victoria
Locos & Rucas in Retro
1999
Opción Sónica

Weno, aquí estoy otra vez, haciéndole su luchita a esto de la reseñación. Sé que están aburridos de mis anécdotas que no tienen nada que ver con el objetivo de comentar sobre música, así que está vez iré al grano… mejor dicho, a los granos…  a los granos que poblaban mi cara cuando tenía 15 años (y aun así tenía mi pegue). Recién cursaba el primer semestre de prepa y ya había hecho un buen amigo en el salón que coincida en la mayoría de mis gustos musicales. En aquella era, las autoridades escolares confiaban en los alumnos y pues no dejaban salir y regresar al plantel durante el receso o cuando no tuviéramos profesor (que viéndolo en retrospectiva, eso pasaba más seguido en mi escuela de lo que se esperaría en la educación pública, pero weno, ahora soy padre de familia y lo veo todo con ojos de don aguafiestas), y pues mi compa y yo aprovechábamos algunos de esos ratos de liberta’ (nunca nos echamos la pinta, lo juro por  San Andresmanuelito de los Datos Milagrosos)  para ir al mercado que quedaba en una de las plazas de El Coecillo. Ahí había un puestecillo en el que vendían respaldos de discos compactos (conste que el honorable comerciante siempre nos preguntaban si ya habíamos comprado el original, porque si no sería un delito… guiño), y como por aquellos años yo estaba medio obsesionado con el “poder latino”, buscaba todo lo que fueran propuestas nacionales rockeras. Y ahí fue cuando lo vi por primera vez, el horrible disco “Millennium” de los Backstreet Boys, pero justo a su lado había otro que en su portada aparecía una caricatura estilo retro de un hombre usando una máscara de gas, con un acetato en sus manos y rodeado por animales mientras a sus espaldas la ciudad parece estallar en guerra. Es difícil no prestarle atención a este genial arte, y un mayor acercamiento a la cajita de plástico me permitió percatarme que se trataba de un disco de Salón Victoria, así que no dudé en pagar los $40 pesos por el susodicho respaldo (antes las copias eran relativamente caras, pero tomen en cuenta que el internet prácticamente no existía para la gente de la prole como yo). Ya en algún compilado de ska había escuchado el famosísimo tema “Sol de Medianoche” con el que El Salón ganó el corazón de la escena rudeboy mexicana de finales de los 90’s, así que fue una agradable sorpresa que, además de letras taciturnas, el tracklist también tuviera rolas llenas de insurgencia, swing y gritos para echar despapaye (para la chaviza millenial que no sabe qué esto, echar despapaye era algo así como juntarte con tus amigos y conocidos a festejar desenfrenadamente o realizar acciones absurdas con el fin de divertirse en un espacio físico determinado, antes del Covid, obvi). Siendo sinceros, los primeros discos del Salón Victoria tenían un estilo muy bien marcado, la mezcla del ska, swing y punk acompañados por un acordeón que marcaba una diferenciación con otras bandas del género, sin embargo, con el paso del tiempo y problemas entre los integrantes, se perdió esa ilustre personalidad (lo que es una verdadera lástima). Pero weno, séquense las lágrimas y celebremos que El Salón nos dejó “Locos & Rucas in Retro” como un registro para la posteridad de lo que se puede hacer si se sabe mezclar ritmos, si se escribe sin temor y, principalmente, si se busca la originalidad al hacer música.

-Carlos El Bien Pensante

16 febrero 2020

Los 50 discos que hay que morir antes de escuchar del rock mexicano (1997-2017)


La Live Band
La Live Band
2005
Happy fi

Si de algo me arrepiento en esta vida (además de no haber adquirido un cachito para la rifa del avión presidencial –qué nervios, ya estoy practicando) es el no haber comprado este disco cuando tuve la oportunidad. Yo, joven e iluso (pero con el mismo corte de pelo), como una década y un lustro hace (bueno, la neta aún sigo siendo iluso, pero joven ya sólo de corazón), me encontraba buscando ofertas entre los cd’s de la recién inaugurada librería El Sótano (así es, chaviza, antes las tiendas de libros también vendían discos compactos… un disco compacto es como un Espotifai redondo y plano hecho de policarbonato de plástico que se metía en una cajita de 12x12 cm acompañada de un librito chulo y que, aunque no lo crean, ¡no solía tener más de 15 canciones!... y pues aun así solíamos pagar un promedio de cien varos por cada uno), y para mi sorpresa, me encontré con dos agradables hallazgos: uno, el disco que es objeto de esta reseña, y el otro, una compilación de la prometedora (y efímera) disquera Nuevos Ricos. ¡Oh, dilema que de mi pobreza engendras! Ya para no hacer el cuento largo, me llevé la compilación y dejé a La Live Band en el estante, con la manda de regresar por él cuando juntará el recurso suficiente (creo que por aquel entonces hacía dinero de la manera difícil… personalizando y vendiendo relojes de pared... jejeje… otros de mi negocios fallidos… no ganaba pero cómo me divertía), y ya se imaginan lo que pasó, tres meses después el producto ya no estaba, ni ahí, ni en ninguna otra tienda de la cadena de librerías (coloque aquí el emoji de corazón roto). Aquel día me hice una promesa: Si algún día construía una máquina del tiempo, regresaría a la fecha de la trágica decisión  y le prestaría 100 varos a mi versión juvenil para que se compre ambos discos (justo ahora estoy volteando al estante en donde está mi colección, y como no está el compacto aún, supongo que debo seguir experimento en mi laboratorio ultrasecreto para lograr rasgar el tejido del espacio-tiempo). Pero para ya no aburrirlos más con mi deporte favorito de hablar sobre fracasos y decepciones personales (soy medallista de bronce en esta disciplina), ahora sí pasaré a reseñar este disco, que es por lo que me están pagando (ni yo me la creí). La Live Band fue un proyecto alterno conformado por talentosos miembros de puras bandas regias como Niña, Quiero Club, Be My Bronx, entre otras. ¿Qué tenían en común todas estas agrupaciones? Pues creían en la independencia discográfica y eran parte del ahora fallecido sello Happy-Fi (y si no está muerto, está en un coma profundo). La característica principal de este excepcional álbum es que todos los tracks fueron grabados en vivo, es decir, como si de un ensayo en el garaje se tratara (si, de ahí que se llamaran “Live Band”… cómo se la quebraron para el nombre, ¿verdad?). Al ser un cotorreo relax entre amigos, este disco tiene un espíritu de diversión, libertad creativa e improvisación que rara vez suelen quedan registrados y, mucho menos, comercializados a nivel nacional. Letras someras in inglish, guitarras bipolares, un montón de gritos como coros, teclados melodiosos y una batería ecléctica confeccionan ritmos que por momentos nos transportan a la década setentera del rock psicodélico y que luego nos regresan al indie emotivo de los dosmiles (¿Así se le dice? ¿Dosmiles?... ojalá alguien me escriba para sacarme de esta duda, y ya estando en eso, también para que me pasen una buena rutina de ejercicio para bajar la barriga, no sean malos, ya parezco perro parado). Si quieren escuchar una verdadera rareza para presumir con sus amigos, busquen este disco… a ver si lo encuentran… Ja ja ja (imagínense esta risa con un tono macabro, algo así como el de Lord Voldemort amenazando de muerte a Harry por centésima ocasión). Fin del comunicado.

-Carlos El Bien Pensante

01 diciembre 2019

Los 50 discos que hay que morir antes de escuchar del rock mexicano (1997-2017)


Capo
Navegantes
2017
Casete

¿Han notado que mientras más viejos se vuelven más trabajo les cuesta concentrase en la música que les gusta? (aparte de que también les crecen la panza, los cachetes y las ganas de comprar el escurridor de platos ideal… ese que no acumula agua debajo, no se oxida y que combina con su cocina) Debo confesar que eso me pasa desde hace unos 5 años aprox. Expectativa: Me pongo los audífonos, cierro los ojos, comienza a sonar la música e inicio súbitamente un viaje espiritual y sonoro que me lleva a desentrañar los misterios de la existencia entre notas y poesía (como cuando joven y brioso mozo era). Realidad: Me pongo los audífonos, cierro los ojos, comienza a sonar la música y 30 segundos después pienso en los pendientes del trabajo, en los gastos que hay que cubrir antes de la siguiente quincena y en las respectivas facturas que ese día me pasó el hubiera (a veces también paso noches en vela preguntándome por dónde hacía del baño CatDog ¿cuál de las dos cabezas es la que descomía? ¿qué pinshi mente tan retorcida pudo haber creado semejante abominación para ponerla en una serie infantil de dibujos animados?), relegando las canciones a unos simples ruidos ambientales para luego descubrir que ya se ha acabado un disco completo sin darme cuenta. ¡Oh indiferencia musical, tú que te escondes entre las más recónditas sombras de la apacible madurez, maldición eres! (para los que les interese: estos versos forman parte de mi libro de poemas titulado “Un virgo en abstracción o cómo sentirse arrepentido al comprar un libro de poemas”… próximamente en todas las librerías del país, menos en Gandhi, porque ahí me tienen vetado) Pues güeno, ahora que he revelado mi actual impotencia (meramente auditiva), cabe mencionar que algo parecido me sucedió cuando escuche por primera vez “Navegantes”, pasando sin pena ni gloria por mi orejotas, para luego pensar: no sé si me gusta; ¿vale la pena conservarlo en mi aytuns?; ¿esa mancha en la pared se movió? Porque si lo hizo… que Dios se apiade de nosotros; creo que le daré otra oportunidad a los Capo; ¡Alfredo…! Digo, ¡Carlos, cálmate por favor! Concéntrate, yo sé que tú puedes. Y ¡oh sorprais! no daba crédito a lo que estaba escuchando. “Al final”, la pista que abre el disco, me agarró desprevenido con sus ritmos entre rockerones y folksiosos, haciendo que se me encuerara el chino, digo, que se me enchinara el cuero con sus desgarradoras letras: Amanece otra vez / y no te veo respirar / Grito, grito tu nombre / tengo miedo de no verte jamás. Es verdad que “Al final” es un rolonón y que a partir de ahí el disco como que baja de ritmo, y no quiero decir que el resto de las canciones sean malas, sino que el álbum tiene una gran apertura y que si no se le dedica tiempo para escucharlo detenidamente se corre el riesgo de perderse una de los grandes producciones nacionales de los últimos tiempos. ¿Qué pueden esperar si deciden invertir su tiempo con Capo? Pues seguramente se deleitarán con 11 tracks que mezclan rock alternativo, folk y una pizca de country, aderezados con una de las voces más pulidas de la actualidad. Bon appetit.


-Carlos El Bien Pensante

24 noviembre 2019

Los 50 discos que hay que morir antes de escuchar del rock mexicano (1997-2017)


Bam Bam
Futura Vía
2011
Arts & Crafts

Guapachoso, cadencioso, tropicalón y melancólico, son adjetivos que definen perfectamente el disco “El calor de tu piel” de los Vallenatos de la cumbia, aunque en esta ocasión no les vengo ofreciendo lo que viene siendo la reseña de este, sino de “Futura Vía” el álbum de la morida banda Bam Bam. Después de La Avanzada Regia (cuenta la leyenda que “la avanzada” fue un movimiento musical de rockeros regios que, según los historiadores, comenzó a mediados de los 90’s para concluir en el 2010, a través del cual, un montón de bandas emergentes comenzaron a destacar y a ser grabados por las grandes compañías disqueras gracias a la calidad y originalidad de sus propuestas… y digo que es leyenda, porque todo el mundo reconoció que existió dicho movimiento menos los mismos músicos de Monterrey que lo hicieron… ¡ya no pongan gorro!), y con el avance del crimen organizado en el norte del país, así como de los servicios estriming en internet, los nuevos artistas de la ciudad se las vieron negras… perdón por mi falta sensibilidad… más bien, se las vieron féminas afromericanas para encontrar espacios en donde tocar y dar conocer sus trabajos. Pero la música siempre se abre paso, y estos obstáculos llevaron a la creación de los sellos musicales independientes, que con poco presupuesto se comenzaron a organizar para apoyarse entre la misma raza y grabar en estudios modestos, o en ocasiones, hasta en la casa del amigo de un amigo. Una de las bandas que surgió de este movimiento indi post-avanzada fue precisamente Bam Bam, sobresaliendo de entre la huercada gracias a su sonido fresco y energía que impregnaban cuando tocaban en vivo allá en los pocos bares que aún se animaban a permanecer abiertos a pesar de la ola de violencia que azotaba la región que no conoce (ni ha gozado de) la fruta con queso. Luego de grabar su primer álbum (el cual aún se puede descargar de a grapa y legalmente desde la interne´), los bambanenses se ganaron el cariño y reconocimiento del público conocedor y la crítica por igual (¡Ájales! Ya parezco periodista de Joliwud con estas frases que me cargo el día de hoy), escenario que les favoreció para ser reclutados por la disquera semi-indepediente Art & Crafts, filial de la canadiense del mismo nombre. ¿El resultado de esta sociedad? Un disco de 10 rolitas buena onda de las cuales destaca la armoniosa conexión que se crea entre una batería frenética, acordes minuciosos de guitarras y teclados galácticos. Como ya me cansé de escribir (y de que también me duele mai buri por estar sentado), por hoy ya la dejaré aquí, y me despido de ustedes no sin antes darles el mismo consejo de cada semana: corran por su cel, abran yutub (a menos que tengan un plan, mejor no lo hagan, porque se acabarán los datos de la recarga de 20 pesos… pero pueden esperar a llegar al trabajo y conectarse al way fay de la oficia, provocando que el internet de todas las compus se ponga lento), busquen este disquillo y denle una buena ojeada de oreja. Bai bai.

-Carlos El Bien Pensante

17 noviembre 2019

Los 50 discos que hay que morir antes de escuchar del rock mexicano (1997-2017)


Los De Abajo
Latin Ska Force
2003
Ediciones Pentagrama

Si mal no recuerdo, el primer músico en México en grabar un álbum en donde la mayoría de las canciones van acompañadas de cantantes invitados fue Celso Piña con su “Barrio bravo”, y a partir de ahí todo se descontroló (me acordé del video de los niños argentinos que están grabando en la azotea… jajaja… al final, cuando se hunden terminan gritando ¡Ayuda! ¡Ayuda!… jajaja… ¡Qué cotorreo!), y no es que lleve la cuenta, pero artistas de todas las generaciones y géneros han recurrido a esta estrategia (si es para aprovecharse de la fama de otros o para enriquecer musicalmente sus rolas, no es mi deber juzgarlos… eso queda a la conciencia cochambrosa de cada quien… otra vez me acordé del video de los niños hundidos… ¡Ayuda! ¡Ayuda! ¡Rubén Albarrán, canta conmigo! ¡Ayuda!). Gracias a la magia del dinero de las grandes corporaciones del entretenimiento, actualmente es posible encontrar a Fito Páez cantando (y bailando cumbias) junto con Los Ángeles Azules. No sabía  que quería esa mancuerna hasta que me la metieron a la fuerza por el oído (sin albur, eh… y por cierto, para los que no lo cacharon, es sarcasmo). Pero bueno, a lo que truje Chencha, Los De Abajo es una banda chilanga que comenzó a grabar de manera independiente, y que luego se fue los iunaites a trabajar en medio de la calentura latina que sufrió David Byrne por aquellos años, para luego regresar a su tierra natal y lanzar uno de los mejores discos que el ska mexicano haya engendrado. Plagado de cantantes y músicos de todo el continente, esta banda nos imparté una cátedra en el arte de la mezcolanza de géneros, que van desde los tradicionales, tales como el son, la polka y el jazz, hasta otros más modernos como el ska (obvi), el rock y el rap. Entre los músicos invitados más reconocidos que podrás escuchar en este disco se encuentran integrantes de Panteón Rococó, La Castañeda, Desorden Público, Botellita de Jerez, Santa Sabina, Maldita Vecindad, Bersuit Vergarabat, y otras curiosidades (el primero que sepa decirme qué no tan famosa actriz de telenovelas cantó también en este disco, se lo regalaré nuevecito en formato cd… sólo tienen que mandar un mensaje de texto al 01 800 ESBROMA con la respuesta). En fin, menos palabras y más ruido. Métanse al yutub, y después de poner el video de “Esto se va descontrolar”, busquen este disquillo y escúchenlo completito. Salu’. (Postdata: El Latin Ska Force Vol. 2 es malísimo, no pierdan su tiempo con este).

-Carlos El Bien Pensante

10 noviembre 2019

Los 50 discos que hay que morir antes de escuchar del rock mexicano (1997-2017)

Fobia
Rosa Venus
2005
Sony BMG

Si bien Fobia no es una banda que haya editado muchos álbumes, si es una de las que más influyó en la escena latinoamericana a mediados de la década de los 90’s, durante el movimiento conocido como “Rock en tu Idioma” (no crean que estoy tan viejo, eh… para esos años yo todavía andaba viendo caricaturas de los Supercampeones, Fenomenoide, El Conde Pátula, etc… bueno, aún veo caricaturas, pero ya son otras más nuevas… y solo con fines de enriquecer la investigación de mi proyecto sociológico titulado “Las Mentiras que Digo Para No Parecer Inmaduro”, registro en proceso), no sólo por su propuesta rockera-fresona que pocos habían emprendido con éxito en aquella época, sino también por la calida’ interpretativa de sus integrantes, tanto en Fobia, como en sus distintos proyectos alternos que hasta la fecha siguen enriquecido el acervo nacional (nótese Los Odio, Los Concorde, Moderato… pfff… Titán, Pong). Después de la disolución de la banda en 1997, que ya saben que no es que me guste el chisme, pero se rumora que fue debido a que se le subieron los humos a Leonardo de Lozanne (¿qué pedo con este wey? El susodicho ya ha de tener unos 50 años y se ve menos traqueteadón que yo… ¿será porque se da sus restiraditas o a que se unió a la secta secreta de adores de Tom Cruise? Quizá sólo sea que la envidia que me corroe por no ser bien parecido, o talentoso o por no tener un harén de grupis), deciden regresar a la escena en el 2005, pero ahora con Jay “Detector-De-Metal” de la Cueva en la batería y con un productor de lujo (para los que no sepan qué chingaos es un productor musical, pues les explico que es el vato que contratan las bandas, en base a la experiencia de este, para que les eche la mano durante la grabación de un disco, decidiendo qué instrumentos utilizar, qué canciones deberían incluir y cuáles derrochar en el pozo del olvido, si subirle o bajarle al pinche ruido, si incluir un músico invitado porque ellos están bien weyes, entre otras responsabilidades de jefe tóxico), Gordon Raphael, que de las chambas más destacadas de su currículum vitae, se encuentra que produjo los únicos discos buenos de The Strokes, es decir, los tres primeros (gracias Wikipedia ¿qué haría sin ti?... Pero aun así no pienso donar para que sigas funcionando, ni creas, tengo un peine de oro que comprar). ¿El resultado? Un elepé titulado “Rosa Venus” (no se hagan, claro que saben en qué se inspiraron para el nombre, eh, muchachitos calenturientos), el cual, está lleno de rolas con mucha energía, guitarrazos, ruidos curiositos de sintetizador, y sin poder faltar, su sello característico de letras románticas y sarcásticas, que nos elevan hacia la estratósfera del rock-pop en un rol en el que vamos montados sobre unos Doritos (sólo los que se acuerdan del comercial entenderán el chiste) para luego dejarnos de madrazo en un vórtice de locura y depresión formado por la partida de esa morrita especial (chales… ¿qué habrá en el refrigerador?). Ya para terminar esta perorata, si al escuchar la palabra “Fobia”, y no tiene que ver con el miedo irracional a algo (por ejemplo, el temor a que te etiqueten en una foto en la que la papada te hace ver como el Piojo Herrera cuando se enoja), sólo te viene a la mente la canción “Vivo” y una cantidad ridícula de U-O-O-O-O’s, te recomiendo que corras desenfrenadamente hacia tu dispositivo digital más cercano y escuches completo este disquillo. De nada.


-Carlos El Bien Pensante

03 noviembre 2019

Los 50 discos que hay que morir antes de escuchar del rock mexicano (1997-2017)

Juan Cirerol
Haciendo leña
2011
Discos Intolerancia

En serio, no quería hablar sobre los dimes y diretes de los artistas que componen esta listucha, sólo quería enfocarme en su trabajo, ya saben con frases estilo: “Los sonidos que crea fulanito nos envuelven en un atmósfera lúdica de la que es difícil escapar con los sesos completos”… pero cuando se trata de Juan Cirerol es difícil no recordar aquel desatinado tuit (por decirlo suavemente, ya que pude haber menores de edad leyendo esto… ¿A quién trato de engañar? En este momento los mocosos deben estar jugando al fornais ese), si, aquel en donde se burlaba del temblor del 2017 que aconteció en Chilangolandia, y que después de tratar de remediar la situación sólo terminó por cagarla más… perdón (¡Alguien quiere pensar en los niños!), sólo terminó por cag***a más. Esta desafortunada situación acabó por imponerle una pausa a la prolífica carrera del músico mexicalense, que para ese entonces ya llevaba unos 10 discos editados más o menos (la neta no estoy seguro, pero creo que ustedes son perfectamente capaces de buscar en Wikipedia el dato exacto, digo, no todo lo puedo hacer yo, échenme tantito la mano, todavía tengo que leer un par de cómics y esa carta dirigida a Todd Phillips para preguntarle qué escenas de llóquer son alucinaciones no se escribirá sola). Hay rumores de que ya está preparando su regreso a los estudios de grabación, lo cual, la neta me alegra de sobremanera, ya que el vato se discute con las letras, que acompañadas con las guitarras que combinan ritmos entre el country y el corrido, hacen que los roqueros y los gruperos, los chairos y los fifís, los Team Cap y los  Team Iron Man puedan disfrutar sus canciones por igual sin sentirse culpables por ello. No sé qué se meta Juan Cirerol al momento de componer (bueno, tengo una idea, no porque sea chismoso, sino que en sus canciones nos da un montón de pistas), pero este álbum tiene la dosis perfecta (no, no esa “dosis perfecta” de Panteón Rococó, que por cierto ninguno de sus discos está en esta lista... digo, por si tenían el pendiente) de romance, drogas, desamor e introspección para mantenerte al oyente atento y cautivo durante los 12 tracks que lo conforman. No voy a reseñar cada una de las rolas (que weba escribir tanto… además no lo leerían, pa’ qué nos hacemos) pero si son de esos que no suelen darse el tiempo de escuchar un disco de principio a fin (¡Dónde está su honor, basuras!), y quieren darse una idea de qué va este disco, pueden buscar en su espotifay “Mentanfeta”, “Eres tan cruel” y “No necesito fuego” para adentrarse al cirerolverse, en donde Johnny Cash usa sombrero, anda en Cheyene y bebe cerveza artesansal (y si, también se droga igual que el Johnny de nuestro universo).

-Carlos El Bien Pensante

27 octubre 2019

Los 50 discos que hay que morir antes de escuchar del rock mexicano (1997-2017)


En un mundo caótico y desmesurado, como el que nos rodea, las listas sirven para hacer comprensible lo infinito y crear un orden. Son, el fin y al cabo, un intento de comprender lo incomprensible. – Umberto Eco


Antes de aventarme un choro mareador sobre por qué escribo este artículo (¿O libro? No lo sé, solo el tiempo y el dolor de posaderas dirán si puedo aguantar tanto tiempo sentado escribiendo), quiero aclarar que cuando digo (escribo) “rock”, no sólo me refiero a ese género musical que se interpreta con guitarras, bajo, batería y un wey haciendo como que canta (a veces este espécimen también suele retorcerse en el escenario como lombriz con sal), sino que también estoy considero todos los subgéneros derivados de este (no voy a hacerles perder su tiempo mencionándolos, ya que conforme avancen en la lista sabrán a que me refiero). Cuando digo (¡Escribo!) “discos”, quiero decir que solamente enlisto aquellas grabaciones discográficas inéditas, ya sea de larga o corta duración (o sea lp’s y ep’s, para los que estamos en el medio… en el medio de la crisis existencial de los años 30), por consiguiente, todos los tributos, grearest jits, onploges y laib recordings quedan descartados de esta listucha. Cuando digo (¡Escribo! ¡Escribo, maldito retrasado lingüístico! No puedes poner “digo” porque no estás hablando, estás escribiendo… ¿O qué?... Espera, ya no estoy seguro, deja lo googleo…) “mexicano”, hago alusión a aquellas y aquellos artistas y artistos, bandas y bandos made in México, es decir, que tuvieron el infortunio de nacer en esta tierra (esperen, esperen… antes de que me crucifiquen, reflexionen en lo siguiente: ¿A poco no hubiera estado con madre nacer en Suiza? El índice de calidad de vida más alto del planeta, paisajes de postal, rubias talla bra XL y trajes típicos con gorros chistosos… no sé, piénselo).  Y por último, cuando digo (… mmm… espera… ya ponle cómo quieras, “digo” o “escribo”, me da igual… estoy leyendo en google que Demi Moore era bizca de pequeña y tuvo que usar un parche en el ojo mientras le corregían el problema con cirugía… ja ja ja… ahora me siento mejor conmigo mismo, bueno, solo un poco más mejor ) “50”, me refiero al número que se ubica entre el 49 y el 51.

También cabe mencionar (ya sé, ya sé… es la última aclaración, ay promez… es que también es importante mencionar… alerta de espoyler… que la lista no está en ningún orden en específico, ni por orden alfabético, ni por año de grabación ni por gusto propio), que la lista no está en ningún orden en específico, ni por orden alfabético, ni por año de grabación ni por gusto propio, ya de por sí es difícil seleccionar sólo 50 de todas y todos las trabajas y los trabajos de calidad de artistas y artistos nacionales.

Seguramente se estarán preguntando ¿Por qué este wey, que apenas conozco, de peinado a la Benito Juárez, que usa lentes, es lampiño y casi no habla, se cree con autoridad de informe a mí, el lector, sobre una relación de álbumes rockero-mexicanos? ¿Acaso es músico, crítico profesional escritor o mínimo jalacables de alguna banda? Pues déjenme le contesto que no, no (bueno no soy lo que dice profesional en eso de criticar, luego me aviento unos comentarios bien incisivos con alevosía y ventaja que pa’ que les cuento), en mis sueños y no. Sólo soy un melómano que lleva escuchando y comprando discos desde que tengo uso de razón (es decir, desde los 12 años). Me encanta el rocanrol y las fusiones chingonas que puedan surgir con otros géneros. Ya casi no voy a conciertos, principalmente por mi economía (¡A quién engaño! ¡La verdad es que es porque ya no aguanto igual las desveladas! ¿Eso es lo que querían oír? ¿Se sienten satisfechos ahora que me humillé confesando el estar envejeciendo de cuerpo y alma? No sé cómo pueden dormir tranquilos por las noches yendo por ahí destrozando los sentimientos de las personas), pero, dedico horas y horas a escuchar y clasificar rolas en mi aytuns, conseguir sus respectivas portadas y buscar nuevas propuestas en blogs especializados. Y ahora que lo pienso, no sé porque tengo que justificarme, yo hago lo que se me pega la gana hacer (bueno, casi todo… no puedo darle su zape al Peje porque el mecsican sicret servis me partiría mi madre), y si no les gusta, pues no lo lean y ya (aunque si llegaron a este punto ya es algo tarde para ello… jejeje… Ruiz, usted es diabólico).

Bueno, después de tanta palabrería (que espero hayan leído y no se hayan saltado para pasar directamente a la lista, filtrapillas) aquí les dejo… (imagínense un redoble de tambores)… ¡La extraordinaria!… (más tambores)… ¡La cautivadora!… (aguanten los tambores)… ¡La seductora!… (¡Vamos, yo sé que pueden! Sigan imaginado los tambores… ¡No es posible que mi hijo de 4 años tenga más imaginación que ustedes!)… ¡La deleitable!… (últimos redobles porque ya se me están acabando los sinónimos de sinónimos.com)… ¡Lista de Los 50 Discos Que Hay Que Morir Antes De Escuchar Del Rock Mexicano (1997-2017)! (No, no me equivoqué con el nombre. Lo hice de “aldrede” para evitar problemas legales con los de la colección de libros de ya saben que, y si no saben, hay que ir más seguido a una librería, eh)… La verdad es que aún no comenzaré esta semana con la lista (perdón por haberlos engañado… emoji de cara triste), me invitaron a ver la peli del llóquer y ya me largo, pero estaré subiendo una reseña de disco a la semana, así igual de dicharachero que esta. Así que estén al pendiente de próximas entregas de esta que estoy seguro se convertirá en su gaceta semanal favorita. Denle al suscribir, al me gusta, y al compartir (esta frase de cierre me la robé de MikelTube… no miren así, es lo que veo cuando estoy con mi hijo… si, porque le gusta a él gusta, no a mí). Siyu leyrer.

-Carlos El Bien Pensante